La IA que escucha los bosques para proteger a las aves

analizar los sonidos de los bosques latinoamericanos para conocer mejor sus aves y proteger la biodiversidad.

Antes de que salga el sol, los bosques ya están despiertos.

Entre las hojas, las ramas y la vegetación comienzan a escucharse cientos de sonidos diferentes. Algunos pertenecen a aves fáciles de reconocer. Otros duran apenas unos segundos y provienen de especies que rara vez se dejan ver.

Para los investigadores, cada uno de esos sonidos puede contener información valiosa. El problema es que escuchar y analizar miles de horas de grabaciones requiere tiempo, conocimientos especializados y muchos recursos.

Ahora, la inteligencia artificial está ayudando a procesar ese enorme volumen de información.

En América Latina, el proyecto Escucha Aves está utilizando monitoreo acústico e IA para identificar especies de aves y generar información que ayude a gestionar mejor áreas de conservación en los Andes Tropicales. Una de las herramientas desarrolladas para este proyecto es Chorus, una plataforma que procesa grabaciones de sonidos de la naturaleza y las convierte en datos que pueden ser revisados por especialistas.

Es una historia que muestra una faceta especialmente interesante de la IA y biodiversidad: a veces, proteger la naturaleza también significa aprender a escucharla.

Cuando la IA empieza a escuchar la naturaleza

Durante años, una de las formas más habituales de estudiar las aves ha sido observarlas directamente.

Pero muchos animales son difíciles de encontrar. Algunos viven en las copas de los árboles, otros se mueven rápidamente entre la vegetación y muchos son más fáciles de escuchar que de ver.

Por eso, el monitoreo acústico pasivo utiliza pequeños dispositivos capaces de grabar los sonidos del entorno durante largos períodos.

En el proyecto Escucha Aves, comunidades y organizaciones locales utilizan estos grabadores para registrar los sonidos de diferentes territorios. Las grabaciones pueden contener información sobre qué especies están presentes y cómo cambia la biodiversidad a lo largo del tiempo.

El desafío aparece después.

Cuando se acumulan miles de horas de audio, alguien tiene que escucharlas, identificar los sonidos y organizar toda esa información.

Y ahí es donde entra la IA y biodiversidad.

Una IA que convierte sonidos en información

Chorus es una herramienta creada para ayudar a investigadores y organizaciones de conservación a analizar los sonidos de la naturaleza con inteligencia artificial. El proyecto reúne a especialistas en aves, tecnología y conservación para convertir miles de grabaciones en información útil para proteger la biodiversidad.

Y hay algo importante: la IA no sustituye la validación humana.

Los especialistas pueden escuchar nuevamente las grabaciones, observar los espectrogramas, comparar sonidos de referencia y confirmar las identificaciones antes de utilizar los resultados para análisis ecológicos.

La tecnología acelera el trabajo, pero las decisiones siguen estando acompañadas por personas que conocen el territorio.

Ese equilibrio es una de las partes más interesantes de esta historia.

Chorus utiliza inteligencia artificial para analizar grabaciones de los bosques y convertir sus sonidos en información sobre las aves.

América Latina tiene algo muy importante que escuchar

El proyecto comenzó con despliegues de monitoreo en Colombia y busca extender este modelo a otros países de la región.

Audubon explica que Escucha Aves se está implementando en distintos sitios de Colombia, Perú y Bolivia, con el objetivo de generar evidencia que ayude a mejorar la gestión de nuevas áreas protegidas.

En Colombia, los primeros conjuntos de datos obtenidos en campo ya están entrando en el flujo de procesamiento de Chorus.

Eso significa que las grabaciones realizadas en los bosques pueden empezar a transformarse en información estructurada sobre las especies detectadas.

Y cuanto más información se obtiene, más posibilidades existen de comparar diferentes lugares y momentos.

La IA y biodiversidad encuentran aquí una aplicación especialmente útil: convertir algo tan difícil de organizar como el sonido de un bosque en datos que puedan ayudar a entender qué está ocurriendo dentro de él.

La tecnología también puede quedarse cerca de quienes protegen el territorio

Quizás uno de los aspectos más valiosos del proyecto sea que no está pensado únicamente para grandes centros de investigación.

Chorus se está desarrollando junto con organizaciones y profesionales que trabajan directamente en conservación en América Latina. La idea es reducir las barreras técnicas para que quienes ya están realizando monitoreo puedan utilizar herramientas avanzadas sin tener que convertirse en especialistas en inteligencia artificial.

Audubon plantea además que el proyecto busca aumentar la capacidad local para gestionar los propios datos de biodiversidad.

Eso cambia la perspectiva.

La tecnología no llega simplemente para recoger información y llevársela a otro lugar. La intención es que los datos puedan permanecer cerca de las personas que trabajan diariamente en la protección de estos ecosistemas.

Y eso puede ser fundamental para que la información se convierta en decisiones de conservación.

Escuchar mejor para cuidar mejor

Una de las ideas más bonitas detrás de Chorus está incluso en su nombre.

En inglés, dawn chorus describe el momento del amanecer en el que diferentes aves comienzan a cantar al mismo tiempo. Es una especie de concierto natural que, además de ser hermoso, contiene información sobre las especies presentes y los ritmos de un ecosistema.

La tecnología intenta aprovechar precisamente esa riqueza.

En lugar de pedirle a una persona que escuche miles de horas de grabaciones una por una, la IA puede ayudar a encontrar patrones y posibles detecciones dentro de enormes cantidades de audio.

Después, los especialistas pueden concentrarse en revisar aquello que realmente importa para cada proyecto.

Esto puede liberar tiempo para algo todavía más importante: comprender cómo está cambiando la biodiversidad, evaluar las acciones de conservación y decidir dónde hace falta actuar.

La IA y biodiversidad no consisten solamente en reconocer una especie.

También pueden ayudar a transformar información dispersa en conocimiento que permita cuidar mejor un territorio.

La inteligencia artificial abre nuevas formas de entender la naturaleza y puede convertirse en una herramienta para quienes trabajan en su conservación.

Una nueva forma de mirar la naturaleza

Durante mucho tiempo, observar la naturaleza significó mirar.

Ahora también significa escuchar.

Los sensores pueden permanecer durante horas en lugares donde una persona no podría estar todo el tiempo. La inteligencia artificial puede ayudar a procesar las grabaciones. Y las comunidades y especialistas pueden interpretar los resultados y convertirlos en conocimiento útil para la conservación.

El proyecto todavía está en desarrollo y su siguiente etapa consiste en procesar grandes volúmenes de datos y continuar mejorando la herramienta junto a sus socios de conservación. Aunque comenzó centrado en aves, la infraestructura podría adaptarse en el futuro a otros ecosistemas, grupos de especies y objetivos de conservación.

Quizás esa sea la parte más esperanzadora de esta historia.

La inteligencia artificial no siempre tiene que alejarnos de la naturaleza.

También puede ayudarnos a acercarnos a ella.

A escuchar sonidos que antes eran demasiado numerosos para analizar, a descubrir qué especies comparten un territorio y a reunir información que permita tomar mejores decisiones.

Porque en los bosques de América Latina hay una enorme cantidad de vida que lleva siglos hablando en su propio idioma.

Ahora tenemos una nueva herramienta para escucharla.

Y cuando aprendemos a escuchar mejor la naturaleza, también aumentan nuestras posibilidades de protegerla.

La IA también nos invita a mirar más allá

En BIKY.ai trabajamos todos los días con inteligencia artificial aplicada a las ventas, pero historias como esta nos recuerdan que sus posibilidades van mucho más allá de nuestro sector.

Nos interesa conocer estos proyectos porque muestran algo que compartimos desde nuestro propio campo: cuando la tecnología consigue transformar grandes cantidades de datos en información útil, puede ayudar a las personas a tomar mejores decisiones.

En este caso, esos datos vienen de los sonidos de un bosque y pueden contribuir a proteger la biodiversidad. En otros contextos, pueden ayudar a comprender mejor a un cliente, una conversación o una oportunidad comercial. El propósito cambia, pero la idea de fondo permanece: usar la tecnología para convertir información en acciones que tengan sentido.